El gobierno inventaría la gestación de un golpe

Por Carlos Manuel Acuña

 

El discurso en cadena pronunciado anoche por Cristina Fernández, tuvo dos finalidades precisas. Una de ellas, la de impulsar un mejor resultado en la Cámara de Diputados para tratar la aprobación del Presupuesto General de Gastos y Recursos y el otro, buscar una mejor imagen de la situación económica a partir de conversaciones con el Club de París para el pago de la deuda externa.

Lo primero es lo que más urge al gobierno, habida cuenta que le permitiría acercarse a disponer libremente de unos 100 mil millones de pesos destinados a manejar la caja política en un año electoral definitivo.

Para lo segundo, está destinada una parte de esa enorme cantidad indispensable para revertir el malestar público que comienza a gestarse por el alza inflacionaria que hasta hoy es negada sistemáticamente por el oficialismo.

Esto viene a darse cuando surgen señales cada vez más evidentes de una posible eclosión social cuyos potenciales pormenores llegan desde distintos ángulos de la realidad e instalan en el centro del poder -digamos que por primera vez- una seria preocupación por su futuro.

Esto explica la desesperación con que se mueven los agentes encargados de captar voluntades, coimear legisladores y presionar a todos los sectores de opinión para trasmitir una calma que no existe.

Un ejemplo de lo que afirmamos está dado por la publicidad a que obliga el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, para que supermercados y casas de comercio ofrezcan sus productos -especialmente los alimenticios- a un precio bastante más reducido al que ofrece la realidad del mercado.

Los empresarios, forzados a cumplir por obvias razones, publican estos avisos que en letras muy pequeñas, virtualmente ilegibles, consignan que la oferta es para una escasa cantidades de unidades disponibles. Cuando los interesados, especialmente las amas de casa, hacen sus compras a media mañana, se encuentran con la sorpresa de que el stock anunciado se agostó y que sólo existe disponible un producto similar pero a un precio mayor.

Esta suerte de espejismo es lo que ha caracterizado siempre a los anuncios y discursos oficiales, alimentaron al ahora desprestigiado INDEC y permite señalar una gran diferencia entre las cifras oficiales acerca del incremento del costo de vida y el que ofrecen firmas prestigiosas especializadas en la materia.

Este proceso que gira en torno de números artificiales y números certeros, genera reacciones adversas y concretas que aún no se han canalizado en un esfuerzo político en común.

Ya no se trata de izquierdas o derechas sino de que rige una realidad social que será la que mandará, en definitiva, sobre los futuros acontecimientos que ya son anunciados con total claridad por sectores tan responsables como la Iglesia Católica, los ministros de otros credos, organizaciones empresarias y grupos que hasta no hace mucho, eran el sostén callejero del kirchnerismo.

Ahora las cosas no sólo no han cambiado, sino que se aceleran y profundizan. En primer lugar, desde las altas esferas del poder los desmentidos son cada vez más débiles y para colmo, sucede lo que el oficialismo más teme: que las protestas aparezcan cada vez con mayor firmeza desde la izquierda.

Esto descoloca doblemente al Kirchnerismo, por lo que significa el problema en sí mismo y porque le cierra el camino para acusar al establishment, a las derechas o a los intereses económicos, para poder montar respuestas demagógicas y de fácil credibilidad por parte de los sectores populares.

Una expresión concreta de esta situación está dada por el despliegue que ya ha comenzado de unos seis mil hombres de la Gendarmería Nacional para que operen en el conurbano, con seguridad uno de los ámbitos más conflictivos donde todos los días se registran muertes alevosas y delitos de toda naturaleza cometidos contra civiles y a esta altura – aunque hace rato que sucede – contra policías en servicio, en descanso, retirados o en actividad.

Es que el delito ya adquirió una contagiosa vida propia que se retroalimenta a sí mismo y hace que se expanda hacia otros sectores de la ciudad siempre más vigilados por obvias razones.

Todo indica que nos aproximamos a un verano altamente tormentoso, tal vez único en la historia moderna de la argentina, cuyos primeros rumores producen comentarios de los que lo menos que puede decirse es que son alarmantes, tanto como para que algunas familias hayan decidido viajar al exterior e incluso estudiar la posibilidad de montar sus actividades económicas fuera del territorio nacional.

Uruguay, Brasil, Paraguay y Chile son los destinos preferidos y en algunos casos, hay cifras bastante aproximadas de radicaciones de capital y personas salidas del País. La distribución de una fuerza especializada en desempeñarse en instancias extremas como lo es la Gendarmería, es otro dato que hay que medir con cautela pues su contenido excederá, naturalmente, el manejo político en cualquier nivel.

Estas cosas se sabe cómo comienzan pero no cómo acaban. De todos modos, los argentinos tenemos sobrada experiencia en el tema y podemos hacer los vaticinios más precisos -no decimos ni los mejores ni los peores- como para preocuparnos… y mucho.

La palabra violencia está en boca de todo el mundo y es el propio gobierno el que se ocupa de alimentar este estado de ánimo. Las amenazas del jefe de Gabinete Aníbal Fernández por Twitter, en el sentido de que habrá Presupuesto Nacional de cualquier manera, es nada más que uno de los síntomas más específicos sólo comparable con lo que ocurre, por ejemplo, en Aerolíneas Argentinas, conducida por un inexperto joven de La Cámpora.

La pérdida de 2 millones de dólares por día se añaden al sobredimensionamiento de su personal y a la pelea provocada por el piloto preferido de los Kirchner, pelea cuyas derivaciones paralizaron a la empresa, dejaron a centenares y centenares de personas varadas en los aeropuertos y contribuyó a lo que afirmamos días atrás: en la Argentina, como en otras épocas, comienza a ser difícil trasladarse de un lugar a otro.

Mientras tanto, los políticos parecen vivir en un mundo irreal. Muchos son los que están al tanto de estos componentes de la realidad cotidiana y de las dudas respecto del futuro, pero una cierta inhibición clásica de quienes deberían estar a la cabeza de estos problemas para solucionarlos, prefieren callarse y esperar que los hechos los produzcan otros o avancen por si solos.

Por supuesto y tal como lo dijimos otras veces -en la Argentina quienes escribimos sobre estos temas estamos obligados a repetirlos hasta el cansancio- hay excepciones pero son las que confirman la regla. Podemos dar muchos ejemplos y entre ellos uno tan evidente como clásico: nadie quiere asumir, como sucede y con éxito, en los países más civilizados, su pertenencia a la derecha.

Esta es denigrada y una suerte de complejo paraliza el pensamiento y la capacidad de expresarse a quienes tienen la obligación de hacerlo. Cuanto más, aceptan a regañadientes que podrían acercarse a una centroderecha pero enseguida, quienes se animan a tanto disparan una serie de explicaciones justificatorias que debilitan su definición y llega el momento de que nadie sabe cuáles son sus ideas.

Esta suerte de… ¿debilidad, confusión, complejo, incultura o producto de la propaganda organizada?… contribuye a la imposibilidad del surgimiento de un liderazgo moderno que entienda que esta antigua división de corrientes de pensamiento ya no es la misma que en el pasado aunque en los hechos siempre habrá una derecha, una izquierda y un centro donde nace la segunda.

Para concluir por hoy digamos sólo algunas cosas más o menos importantes en este desbarajuste que aceleró Néstor Kirchner en vida y dejó al garete después de muerto. Cristina ya no sabe cómo manejarse y produce discursos como el de anoche para ganar tiempo y tapar al cielo con un harnero.

Inexorables, los hechos la vencerán aún cuando encuentre los datos de la famosa libreta con los nombres de quienes cobraban dinero de la mano de su marido para comportarse políticamente de acuerdo con sus caprichos.

Scioli se aleja de la posibilidad de cumplir con su sueño presidencial pero también el de repetir su gestión en la provincia de Buenos Aires mientras Francisco de Narváez ya conoce las medidas del sillón de Dardo Rocha; como siempre, no se sabe bien que hará Reutemann de quien ahora se dice que se definirá en marzo o abril; Eduardo Alberto Duhalde moverá sus fichas antes de fin de año y, paciente, Julio C. Cobos observa desde lejos.

Sin embargo, no podemos cerrar este artículo sin referirnos a las movilizaciones que se repiten a diario en la Capital Federal y otras ciudades además de los consabidos cortes de calles y rutas, que acentúan el mal humor general que se acentuará en la medida en que avancen los calores del verano.

Pese a todo, los estrategas del gobierno estudian la posibilidad nunca abandonada de inventar una conspiración que comprenderá a medios de comunicación -sus eternos enemigos- la oposición política y, por cierto, al Congreso de la Nación que ya dejó de existir para el Poder Ejecutivo.

Este miércoles, cuando se desarrolle el inútil debate sobre el Presupuesto -inútil pues Cristina anunció que prorrogará el de este año si no logra coimear a los suficientes diputados para que se imponga el proyecto oficial-, La Cámpora y otros activistas planifican una concentración frente al Congreso para denunciar la existencia de ese supuesto Golpe de Estado y exigir una represión adecuada.

Esta vez, la palabreja sirve ponderativamente al Kirchnerismo que, según parece, no moverá ni un dedo si el Juez Oyarbide resuelve detener a Hugo Moyano, altamente complicado en la estafa de los medicamentos falsificados o robados. Por las dudas, el camionero dejó trascender que si esto sucede, hablará y esto puede ser escandalosamente complicado.

Fuente: InformadorPublico.Com

 

Publicado el 16/11/2010

Tomado de Chacomundo 2010

 

 

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